domingo, 18 de marzo de 2018

otro día cualquiera




X Robert Mapplethorppe



Es domingo y estoy observando a los tulipanes a través del cristal. Me asombra lo bien que aguantaron el final de febrero, aún rojos y amarillos, dejando atrás el eclipse solar y tu fallido intento de acercarte. Hoy sin embargo se desploman pétalo a pétalo sobre un marzo desmembrado como un cuerpo tibio alcanzado por el disparo de un mortero. 

Pudieron llegar más lejos.

Tú tuviste aún menos voluntad y te fuiste un día antes, aunque si hago cuentas, si sumo intentos y resto madrugadas erráticas, también me sale eclipse. En lenguaje bélico, en el que tú eres experto, a esto se le llama deserción. No creo que el término te guste ni lo sientas como propio, pero sigamos haciendo cifras: quedan dos tulipanes de seis y no parecen felices ni tristes, solo se mueven con el viento y esperan que alguien tienda al sol, por fin, la ropa limpia.

Haré aún otro recuento antes de pintar las paredes. 

Había menos cosas rotas en esta casa antes de que tú atravesaras el umbral, conquista únicamente lograda por ti, si quieres saberlo. Yo, que no abro la puerta de palacio aunque la aporreen, te invité a ti, el errante errático, y dejé que llegaras hasta ella a medianoche, cojeando tras un día de niebla y cargas policiales mientras yo esperaba del otro lado con una bolsa de hielo, una falda de tul y el calor de mi salón.

En fin, agua pasada. Agua desbordando macetas en enero y humedeciendo las paredes, el techo o abriendo cauce a la gotera que me despertó semanas atrás. Agua siempre antes del fuego, en nuestro caso, y no después. 

¿Reconoces esta abundancia? Tanta agua y tantos incendios al noroeste, tantos como lobos muertos. Y ese silencio entre nosotros, tan exacto que resulta difícil imaginar lo rodeados que estamos de munición y que caminamos por inercia entre minas antipersona. Un silencio en el que yo no hablo nunca de Camboya, Vietnam, Bangladesh  o la expropiación y dentro del que tú callas sobre Ucrania, Iraq, Libia y siete años de infamia. Y así, sucesivamente, nos rozamos y nos despedimos. 

Quién diría lo mucho que pienso después en tu cuello o me acuerdo de tu voz, inesperadamente suave y delicada, mientras entro y salgo cada día de un refugio lleno de presas. Quién diría el pasado mayo que seguirías de este lado hoy, recuperándote de un neumotórax e intentando amueblar una casa vieja, pintada de verde, desde la que se escucha a las rocas aguantar sal, espuma rota, ballenas desorientadas y alguna que otra sirena de guardia. 

Quién diría nada de nada hasta ayer y tu home sweet home.

Se han parado de pronto los tulipanes
la lavadora
el frío
tu nombre
los gritos del niño de enfrente.

Tampoco se escuchan desde aquí ráfagas de tiros ni bombardeos sobre Gouta. Casi parece que no llueve plata en ninguna parte, que en ningún lugar de la tierra violan niñas ni se sacude el desprecio por la vida contra el cuerpo de una mujer. Parece también que mi padre no ha muerto y que yo voy a quedarme de este lado, al borde de un mar sin olas, un poco más.

Pero esa calma no existe. Vuelve la brisa que arranca las flores para soltarlas a continuación en cualquier lugar, marzo a través. Y ya que nada volverá a ser nunca como en los últimos siete años, voy a  hacer honor a los tulipanes y a todas las armas de fuego para decir, antes de que las cosas cambien definitivamente, que el deshielo culminó gracias a ti -

a una tarde en Sant Andreu
a una hoguera tras recoger las cenizas de mi padre
a un acantilado donde perdí un ancla arrastrada desde Marruecos
a un uno de octubre en que te hiciste daño y te dormiste deprisa
a la noche de un siete de octubre en una casa desnuda
a Cabo Verde
a Colombia
a Darío Jaramillo
a llorar en Gijón.

Fue así, palmo a palmo, que quise quererte mucho y lo hice. Fácilmente, sin armisticio, lo hice. Pero ya sabes, amor, lo que pasa en el corazón de quienes cruzan la posguerra -

lo que les pasa a las flores en invierno
a las hijas sin padre
a Escorpio cuando atraviesa Acuario
y al amor sin gestos osados

un día cualquiera.




jueves, 18 de enero de 2018

padre

Asturias - Octubre



Entonces éste es el hogar

la inmersión.


Vientos fríos, aguas turbulentas

costas verdes siempre listas

para ballenas suicidas.

Un lenguaje de amor y locura

hilos trenzados, pelo negro

y un cuerpo

conectado a máquinas

contando.


Habitación de hotel, cama pequeña

la cama de un ciervo

bañada por luz naranja

mirando al hospital.

Huesos que sienten

la crueldad de esos niños

capaces de golpear animales

hasta la muerte.


Temer, de pronto

esta falta de piel - esta amabilidad

mientras la atrocidad

amamanta el mundo

y caza presas fáciles

como tú

- no

como yo.



Quejidos familiares y extraños

en lengua no oficial

en ti - en la carne

tu inmersión eterna

en el amor y la muerte

en palabras y tacto

en lo que falta

contando.



Dejar de ser hija - un día tras otro

eco en un foso

puño sobre músculo compacto

latiendo intemperie

apagando fábricas

secando barricadas

hechas de astillas

y piel de ballena.



Éste es el hogar, entonces

la brecha.














lunes, 25 de diciembre de 2017

perro lobo

x Javier Jubera



Todo el mundo sabe
que los animales heridos
se amputan del resto
van al bosque sin voz
buscan un hueco

y se afilan.

Los golpes de gracia
les hacen sentir
avergonzados
dejar un rastro lento
tripas desperdiciadas

destinadas a cirugía mayor. 

No hay regreso
a los viejos sistemas de piel
a la sangre que vibra sobre el hueso -
la tierra en las uñas señala
que nada será nunca más

eso mismo. O nuestro.



lunes, 27 de noviembre de 2017

Una historia de violencia

Chinese poet once wrote a poem. It is very simple. It only has two lines. 
“Darkness has given me a pair of black eyes. I use them to seek brightness”



X Don MCCullin


Hace apenas dos semanas, un reconocido medio alemán publicaba una lista con los nombres y apellidos de 33293 mujeres, hombres, niños y niñas migrantes desaparecidos en el mar en su intento de llegar Europa. Se trataba así de distinguir, dentro de esa masa informe de cuerpos que flotan sin vida al borde de nuestras costas, un pasado de individualidades, seres queridos, heridas previas e intenciones de arraigo en un lugar nuevo que permitiera pensar en un futuro del que eran expulsados por sus países de origen. Casi al mismo tiempo otro medio, esta vez la CNN - secundada posteriormente por UN Refugee -, dejaba constancia de una verdad a voces: la venta como esclavos y esclavas de miles de personas en Libia, país que recibe puntualmente fondos europeos para frenar el efecto del flujo migratorio. Y antes y durante estos eficientes ciclos de venta de seres humanos y naufragios invisibles, transcurren sin fecha final los  limbos de vida en riesgo que suponen lugares tan inhóspitos como  la valla de Melilla  o los campos de refugiados.

La violencia que articula la pobreza y la falta de visión de un futuro que reúna las condiciones mínimas de dignidad, la guerra y, en general, la imposibilidad de vivir bajo determinadas condiciones sociopolíticas que anulan derechos fundamentales, toma caminos desesperados y de alto riesgo para aquellas personas que tratan de no ser agredidas, asesinadas o empobrecidas sin fin. Es el origen mismo de los  tránsitos humanos: flujos de intentos que naufragan dentro del silencios oceánicos, arropados por la falta de empatía y memoria de sociedades que no asumen la acogida como una obligación moral ni reconocen las legítimas razones de los procesos migratorios. Y es así, también, como se abre el espacio de la depredación a través de los tráficos de seres humanos, la venta de personas y la trata de mujeres e infancia con fines de explotación sexual. Las miles de desapariciones de niñas y niños durante éxodo Sirio echan raíces - rentables y profundas - exactamente ahí. La voluntad política internacional, entre tanto, sigue ahogando sus propósitos en planteamientos fronterizos deshumanizados.

X Don McCullin

Hay una forma de violencia que atraviesa de manera transversal, en otro tránsito sin fin de impunidad, el resto de las violencias posibles. En todos y cada uno de los países de la tierra las mujeres y las niñas nacen, crecen y conviven con el riesgo específico de ser agredidas, reprimidas y limitadas en su desarrollo integral por el hecho ser asignadas con un sexo: el femenino.  La posibilidad de ser víctimas de agresiones sexuales, ocupación, posesión, maltrato y expropiación se inscribe en el cuerpo de las mujeres casi como un rasgo más asociado a su género: a lo largo y ancho del mundo se producen feminicidios, matrimonios forzados – infantiles en muchos casos –, mutilaciones de la sexualidad, control de la reproducción, incitación a la prostitución, explotación sexual, abuso, acoso, maltrato físico, psicológico y económico a nivel intrafamiliar, de pareja y comunitario. Los grados y formas de esta larga guerra contra las mujeres se presentan sin embargo de manera fragmentada y descontextualizada, genuina y voluntariosamente simplista, dentro de en un orden de prioridades sociales y derivación de responsabilidades perversa y errónea. Los patriarcales sistemas judiciales nacionales e internacionales y la desprotección final de las víctimas, susceptibles de ser culpabilizadas por serlo, son una prueba clara y concisa de ello.

La normalización de la violencia de género y del resto de las violencias posibles  es su propio mecanismo de perpetuación y reproducción. Para que la violencia se normalice debe contar con un poderoso y consistente círculo de indiferencia social a su alrededor, de negacionismo y no reconocimiento del daño a través de la relativización de sus cifras reales, sus consecuencias macabras y el propio dolor de las víctimas. Debe contar, por tanto, con la impunidad. Es gracias a ella que se anula el recuerdo de los genocidios - uno tras otro -  y la visión consciente de los conflictos armados – uno tras otro y de manera simultánea, desde Siria a Sudán del Sur – dejando largas listas de muertos, de mujeres violadas como una efectiva estrategia de guerra asentada en la misoginia, de personas traficadas y explotadas sin fin, de seres humanos en espera tras alambradas que son fronteras o de niños muertos en los bajos de los camiones.

X Don McCullin

La normalización de la violencia ocurre a las afueras de nuestra vida y de puertas para adentro. Se instala en relaciones de maltrato familiar, de pareja, entre iguales, y se asienta en el estatus quo del sexismo, el racismo y el mecanismo simplista del desprecio y culpabilización de lo que se entiende como ‘diferente’. Se instala en el flujo constante del abuso y acoso sexual que cada sociedad mete debajo de su alfombra; en leyes y constelaciones sociales que castigan la diversidad sexual y el derecho a ser y estar en una convivencia digna y enriquecedora de los muchos diferentes; en la ausencia de libertad – y seguridad –  de prensa y en la represión de la expresión de ideas; en la falta de honestidad de los órganos de representación ciudadana; en la incapacidad misma de la ciudadanía para reclamar sus derechos, protegerlos y ejercer el respeto a la dignidad propia y ajena.

Los resultados de la violencia, las personas que la han habitado, necesitan asilo, ser acogidas en espacios sociales empáticos en los que repararse y visionar una posibilidad de continuar desde la asunción del daño sufrido y lo que ya han perdido; requieren de visibilización y toma de conciencia social, de reclamación de responsabilidades. Necesitan y merecen, en fin, un cierre de la impunidad de los agresores que casi nunca se produce.

Para romper los círculos concéntricos de la violencia y neutralizar la fuerza de su reproducción no existe, por tanto, más camino que el del acompañamiento a las víctimas, el reconocimiento de su daño y el derecho a realizar un proceso de reparación y restauración de derechos. No existe más camino que trabajar contra lo infame del derecho a agredir, vejar, matar, violar, torturar, expropiar, explotar y reprimir el derecho a decir, a expresarse y a ser. Y asumir que la reacción ante este cuestionamiento puede también ser una respuesta agresiva y represora.

X Don McCullin


Cualquier forma de violencia, en cualquier parte del mundo que ocurra, debe ser asunto nuestro, de todos y de todas. Es el único posicionamiento aceptable de una ciudadanía que realmente se ejerza como tal y se articule dentro de un contexto que pretenda llamarse democrático.  Ésa es la visión del equipo que formamos In Vía, ésa es nuestra misión y de ella habla nuestro recorrido,  actuaciones y reclamaciones. Un posicionamiento que arraiga en espacios de acogida y proyectos de inclusión social basados en el derecho a nombrar lo perdido, lo arrebatado y expropiado, de reconocer y reconocerse dentro de un marco efectivo de derechos y valores compartidos de igualdad y respeto. En espacios libres de todas las formas violencia, capaces de acoger a quienes las han atravesado - a menudo de forma múltiple - en sus recorridos   vitales, y  desde los que acceder a un lugar de vida digna y necesaria. Lugares, en fin, desde los que sea posible hacer visible lo invisible y avanzar contra la impunidad.

X Don McCullin





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sábado, 30 de septiembre de 2017

zona de riesgo



La acompaño al atravesar
sus cuatro zonas de riesgo -

Hospitalet. Las Rambas. Plaza Catalunya. Y Fondo.

Es ella la expropiada
del espacio de los depredadores.
Es ella y con ella yo

sólo por hoy.

Enseñamos las manos blancas y negras
a los entrenadores de presas. Cruzamos 
el cerco desde Gracia a Urquinaona. 

Oímos próximo

el ruido de los desprendimientos
como cabezas contra rocas
como marfil arrancado.

Calle abajo el balacero 

hacia pozos
hacia estadios
hacia el final -

que no es lo mismo que el fondo. Su Fondo.

Barcelona medida provisional, dije -
falla el sondeo previo. Como los días
que pareces llegar a tiempo

al ruido en pausa de lo nuestro. 

El silencio siembra cansancio
suma renuncias y huidas
de habitaciones autorizadas -

mido mi zona de riesgo.

Ella regresa al refugio
se cuentan los votos y gana
lo que no podemos hacernos. 

No siembres la duda en esto.

Todo lo que quiere acabar
se cae por su propio peso.









martes, 29 de agosto de 2017

hace falta




Hace falta morirse

de miedo
un acto irracional
desarmar la prudencia

tu voz hace falta

dejar de dejarte marchar
querer
darte de beber

ser tu casa.



X





sábado, 22 de julio de 2017

hoguera

Empezamos a saber.

Tránsitos en que crece
lo esencial.

Me miras hacia fuera
y dentro apagas las luces.

Las manos se abrirán después
a continuación.

Te pienso y empieza eso 
en el corazón

ese

preciso incendio
hacia el Atlántico -

remolino de llamas
desde Fogo cayendo

sobre isla Brava.







Isla Brava | 14°52′00″ N 24°42′00″O | Cabo Verde | Volcánica - Archipiélago Sotavento | En 1680 la secuencia de erupciones volcánicas en la isla vecina de Fogo, hizo que una parte de los habitantes de esta isla emigrasen a Brava.